No cierres tus ojos
porque me dejas
a oscuras.
Sirios de celofán
que en todo
reflejan tornasoles,
que me azotan
a cada parpadeo.
Ventanas de tu cuerpo.
Relámpagos.
No me hieras con ellos.
Emperadores acechando
desde tu sima.
Refugiados en tu rostro,
sagrario que los
complementa.
Armados con montañas.
Legión de luciérnagas,
invasores, diamantinos.
De color mañana,
y agua, y tarde,
y fuego.
Pero no son tus ojos
mágicos sino porque
son tuyos.
Son solo ojos sin ti,
como millones hay.
Ah! Pero en ti,
torrente de mares.
Delfín.
Son perlas inmaculadas
que me enseñan
cosas que
tu boca no dice.
Y hasta yo
tengo ojos,
lo sé porque
te han visto
y han venido
a contarme que
el dragón
que habita en los tuyos
los ha
sometido.
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