La suave esencia
que encierra
tu piel tempestuosa
a disuelto mi voluntad
y me sometió
a la tuya.
Cuánto mas podré resistir
el ataque furioso
de la flor duplicada
en tus ojos?.
Cuando reverbera mi nombre
entre tus labios
me ahogo en silencio
hasta que el eco de tu vos
se extingue.
No vivo hasta
que el beso terso
de tu corazón
se estaca en el mío
sin abandonar tu pecho.
No existo, sino porque
tu mente me imagina.
No soy, sino porque
tú lo deseas.
Fui crucificado en tu cuerpo
y me resisto a resucitar.
Porque estoy ahora
en el limbo de tu alma,
más frágil que el duende
que habita en tu pelo,
rogando no me dejes
caer en el mundo,
ni me lleves al cielo.

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